Sin lugar a dudas el uso de redes y diversidad de medios en internet también puede convertirse en un mal endémico para la propagación y venta de productos sibilinamente camuflados bajo la apariencia de tratamientos médicos. El uso de juego de palabras para intentar evadir aquella legislación que castiga o sanciona es una arma habitual utilizada por muchos estafadores con el fin de hacer ventas y enriquecer su patrimonio. Lamentablemente existen plataformas muy concurridas por los internautas que dan cobijo a esta serie de productos y malhechores.

Productos diversos para tratamientos de patologías de la piel son constantemente vendidos bajo el amparo de la ambigua normativa sobre cosméticos cuyo control queda prácticamente sometido a una simple declaración responsable de actividades de fabricación y/o importación de productos cosméticos y productos de cuidado personal.

Para comprobar estas prácticas realizamos un seguimiento sobre un producto anunciado en una de las mayores plataformas de ventas de productos varios de la red. El producto aparecía como número uno en ventas cuyo envió también estaba gestionado por la misma plataforma. Se publicitaba como un producto indicado para el tratamiento efectivo específico para combatir el acné con propiedades antibacterianas. Tras la adquisición del producto recibimos varios emails con las indicaciones de aplicación y procedimiento ante riesgos sobre cambios negativos en la piel. Después de una semana de uso, comprobamos que dicho producto no tenia ningún efecto con lo cual nos pusimos en contacto con el vendedor y para darnos solución nos remite un “Ebook” donde según nos indica literalmente: desarrollado por nuestro equipo de investigación.

En definitiva se trataba de un folleto de unas pocas páginas, donde exponían la definición del acné, las causas, los tipos….además de publicidad de su producto. En ninguna parte se podía encontrar ningún estudio elaborado por un equipo de investigación, alusión hacia algún profesional o laboratorio. En cambio si encontramos la autora de dicha edición que nos conducía hacia un blog sobre coaching, cursos y como ser un líder escribiendo.

Dicha opacidad nos lleva a indagar sobre la procedencia y fabricación del producto, dando como resultado una empresa afincada en España cuyo objeto social es de construcciones, mantenimiento e instalaciones, sin relación con productos médicos y/o sanitarios. El domicilio social se encuentra ubicado en un edificio de empresas donde arriendan oficinas y direcciones para estos menesteres. Aparece un único administrador de la sociedad de origen latinoamericano.

Procedemos a realizar la oportuna consulta a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, aportando enlaces y fotografías del producto, así como  la descripción de su función. Tras varios días con alguna evasiva, no responden sobre si dicha empresa y/o producto tiene el correspondiente registro sanitario y si por el contrario cumple con la normativa de cosmético o debería ser un medicamento. La respuesta por dicho organismo es ambigua,  aunque deja un punto importante: En respuesta a su solicitud, se le informa que el acné es una patología de la piel, y por tanto su tratamiento no se realiza con un cosmético. Los cosméticos no tienen acción antibacteriana.

Dicha respuesta deja de manifiesto que el producto es una estafa. Para entender mas como funcionan los registros y controles en estos productos me pongo en contacto con la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética. El Dr. Víctor García me atiende casi inmediatamente, exponiéndome que el problema principal radica en un sistema que, quizás precisamente por ambiguo, tiende a ofrecer demasiadas posibilidades a la mentira o a las medias verdades pero que más allá de las cremas que en su  mayoría no pasan de no hacer nada salvo ser “pura estafa”. El verdadero problema es que también nos intentan colar lo que son auténticos medicamentos, como la toxina botulínica; y eso si que entraña graves riesgos para la salud; y siempre bajo esa grave artimaña del ‘low cost’ que lo encubre todo y por el que muchos (demasiados) se han dejado seducir.

Después de toda la información recopilada, y tras varios intentos infructuosos hacia algunos laboratorios cosméticos sin obtener respuesta sobre este tipo de prácticas, conseguimos contactar con el propietario del producto y tras ser solicitada información detallada sobre el mismo, este procede ipso facto a la devolución del importe. Igualmente el propietario nos comenta que reside en un país de latinoamerica, y que la sociedad en España solo se encuentra a efectos administrativos,  puesto que el opera desde su país de origen. Tras varias conversaciones y exponer nuestras dudas sobre la veracidad del producto que vende bajo la capa cosmética de un medicamento, nos indica que su efectividad esta contrastada, y quedamos a la espera de la documentación que certifica los componentes del producto y el laboratorio donde se elabora. Tras varios días de espera, dicha documentación nunca llega.

En resumidas cuentas, nos  cercioramos lo fácil que resulta crear un producto bajo el paraguas cosmético y jugar con la normativa como si fuese una sopa de letras para fraguar la estafa, introduciendo en el mercado productos que lejos de ser efectivos o fieles a sus componentes son simplemente pura estafa, donde hay demasiado interés general y un mercado que mueve mucho capital para ser ignorado.