Los violadores multirreincidentes no buscan «el placer sexual», sino su autosatisfacción personal de ver que «son capaces de llevar a cabo el objetivo que se proponen». Bajo esta premisa, el vicedecano del Colegio de Criminólogos del Principado de Asturias, Miguel Ángel Perianes, cree que el rechazo social que ha percibido en cada ciudad en la que se instala Félix Vidal Anido, conocido por el apodo del «violador del estilete» por el arma blanca que utiliza para amedrentar a sus víctimas, ha podido ser determinante para que volviera a reincidir el pasado mes de diciembre, en Oviedo. «Este tipo de delincuentes sexuales se sienten más protegidos en la cárcel cuando ven que el rechazo social es tan evidente y ha sido llamativa la cantidad de detalles que ha dado hasta su detención», subraya. Pautas de comportamiento

El vicedecano advierte de que su conducta responde a un trastorno de la personalidad, por la que este tipo de «depredadores sexuales» se sienten reforzados al demostrarse a sí mismos hasta dónde son capaces de llegar. De ahí que la mejor manera de conseguir su verdadera reinserción social es, a su juicio, «trabajar con ellos de forma preventiva, en una tarea de concienciación de su patología, con la realización de talleres donde se les aporten pautas de comportamiento y efectuando un control y seguimiento posterior, una vez que obtienen la libertad».

Miguel Ángel Perianes se muestra partidario de que previamente al inicio de las terapias se sometan a un estudio de evaluación, donde se analice a fondo su perfil, trayectoria, antecedentes y forma de vida. «Los programas de reinserción actuales no son los adecuados. Estos violadores multirreincidentes, mientras están cumpliendo condena, deberían asistir a talleres donde se les pueda realizar una evaluación, vigilar sus permisos de entrada y salida y ver su comportamiento», señala.La labor de los criminólogos juega, en este terreno, un papel imprescindible y opina que la colaboración con la institución penitenciaria es necesaria. El vicedecano ya había alertado cuando Félix Vidal Anido sufrió por primera vez el rechazo social, a su salida de la prisión asturiana, de las altas probabilidades de reincidencia que tenía si no se realizaba con él un tratamiento previo. «La mayoría de estos violadores son muy difíciles de recuperar socialmente. Es como si dijeran: me voy a demostrar que puedo hacer esto y lo hacen. No buscan el placer sexual. Quieren ver hasta dónde pueden llegar. Si a eso se une que sufren un rechazo social cuando salen en libertad puede darse el caso de que intenten repetir sus actuaciones para volver a la prisión donde se creen y sienten más seguros». Una relación sentimental «sin intimidación»El vicedecano del Colegio de Criminólogos del Principado de Asturias piensa que si bien actúan por instintos, eso no es óbice para que puedan llegar a calcular los riesgos de ser identificados y detenidos. «Si se ven incomprendidos en la calle, sopesan todas las posibilidades. Calculan la edad que tienen, el tiempo que han pasado encarcelados, en el caso de Félix Vidal 32 de los 73 años de condena, y ven que se defienden mejor en la cárcel, por lo que pueden llegar a planteárselo».Su amplio historial delictivo, con condenas por agresión sexual a 54 víctimas, con una holgada horquilla entre las agredidas, que oscila desde la minoría de edad a los 60 años, no impide, sin embargo, que pueda mantener una relación sentimental con una mujer sin que medie la fuerza o la intimidación. «Puede perfectamente tener una novia a la que trata bien y luego cuando sale a la calle cometer esos delitos», advierte Miguel Ángel Perianes.

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